La reciente sentencia condenatoria de un cómic japonés, o 'manga' tuvo un doble significado de alcance internacional. Por un lado, abría un debate en torno a la libertad de expresión. Y, por otro, colocaba el 'manga' en general -y con ello cientos de ediciones que se distribuyen por todo el mundo- bajo sospecha.
Un fallo judicial censuraba el pasado miércoles un tebeo japonés, o 'manga', por su contendido “sexualmente explícito y francamente obsceno” y condenaba a Monotori Kishi –editor del tebeo- a un año de prisión, pena que ha quedado suspendida a tres años de buen comportamiento del condenado.
Sin embargo, para los más ignorantes en lo que a tebeos se refiere, habría que apuntar varias cosas. Primero, que el 'manga' no es porno por definición, más bien los 'hentai', o tebeos obscenos, son la excepción en Japón. En concreto, el polémico manga censurado, tenía una tirada de 20.000 ejemplares, cuando en Japón lo habitual son tiradas de un millón y hasta de cinco. Y, en segundo lugar, habría que tratar de entender en qué consiste entonces el manga. ¿Por qué esa clase de tebeos se distingue de los del resto del mundo?
Abel Ippólito, dibujante de comics de 35 años, es
la persona más capaz para resolver esta incógnita en España. Abel vivió un año y
medio en Japón y fue instruído por maestros 'mangakas' –así es como se llama a
las personas que hacen manga- en uno de los grupos editoriales asiáticos más
importantes. La que sigue, es su historia.
En primera persona
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| Portada del último cómic de Abel
Ipólito. |
“Todo empezó en el año 93. Entonces la
editorial Kodansha, que no es la más importante de Japón pero forma parte del
grupo editorial más fuerte de Asia, decidió ir por todo el mundo buscando
ilustradores para sus tebeos, o manga. Entonces ellos llevaban dos revistas.
‘Morning’, un semanal que tiraba un millón de ejemplares y ‘Afternoon’, un
mensual que rondaba los ochocientos mil.
Llegaron a España buscando nuevas ideas y, al principio, se quedaron muy
impresionados por los dibujos. En Japón lo más importante es la historia que se
cuenta y no están acostumbrados a dibujos tan elaborados como lo son los
españoles. Yo entré en contacto con la editorial en la feria del cómic de
Barcelona. Les gustó mi trabajo y comenzó la aventura. De hecho terminaría
viviendo en Japón desde el 96 hasta el 98. Pero la cosa no fue fácil. Los
autores occidentales fracasamos todos, incluso los consagrados, como Moebius.
No hubo muchos autores que se quedaran allí. Sólo Alberto Maldonado y yo
decidimos instalarnos. A nosotros nos trataban de forma un poco distinta porque,
como éramos muy jóvenes, intentaban instruirnos, dentro de lo respetuosos que
son los japoneses, en su forma de hacer tebeos. Pero no hubo manera. Incluso
aprendimos japonés, pero su forma de contar las cosas es muy especial. Es como
intentar contar un chiste muy bueno en polaco, que termina perdiendo la gracia…
En fin, nosotros allí hablábamos polaco”.
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| Una de las páginas del polémico manga
japonés 'Missitshu', retirado de los quioscos y librerías.
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En el 98 la editorial entró en crisis y
decidieron terminar con el proyecto de los dibujantes extranjeros que, al fin y
al cabo, era un proyecto de riesgo. Así que regresamos a España. Aquí hay muy
poca gente que pueda vivir profesionalmente del cómic. Una vez aquí decidí no
vivir del cómic y seguir mi propio ritmo. De alguna manera el estilo manga me
había influido. Sobre todo la cadencia con que cuentan las historias. Aquí
tienes muy poco espacio para un tebeo –puedes contar, más o menos, con ocho
páginas mensuales si publicas regularmente- y allí es casi ilimitado –unas 22
páginas semanales que son fácilmente ampliables. El tiempo pasa en manga como en
aquellos dibujos japoneses, ‘Oliver y Benji’, donde había mucha acción y la
trama era tan rápida como lo es un partido de futbol, pero donde todo pasaba
muy, muy lentamente.
Personalmente, al llegar decidí dibujar sin límite de espacio. Mi último
trabajo, que se publicó hace diez meses, ‘Golondrino ama a Venancia’ (Edicions
de Povent), me llevó cuatro años. Pero yo no soy un mangaka español, aunque esté
influido por ellos. En realidad, no creo que se pueda hablar de manga español.
Hay muchos autores jóvenes que imitan muy bien los dibujos japoneses pero dudo
sinceramente que ninguno de ellos pueda contar como ellos por más que haya leído
y visto obras traducidas. Es otro concepto.
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| Uno de los personajes de 'Golondrino ama
a Venancia'. |
Lo del cómic prohibido de la semana
pasada es anecdótico en lo que a los manga se refiere, aunque sea importante por
el debate que abre sobre libertad de expresión. Los manga no son tebeos
eróticos. Son todos los tebeos que se hacen en Japón. Y hay de todo, claro. En
realidad, hay más que en ningún otro sitio, porque el manga es Japón es tan
cultural que existen todo tipo de temáticas: para niños, para niñas, para
adolescentes chicos, para adolescentes chicas, para amas de casa, para
homosexuales, para ejecutivos, etc. Allí todo el mundo lee manga. Primero porque
son muy baratos –se imprimen en papel muy malo, como de un listín telefónico y
se hacen unas tiradas muy fuertes- y segundo porque es un entretenimiento muy
asimilado culturalmente. Hasta los mendigos leen manga, después de que la gente
que ha pagado por ellos los tire. Allí el cómic no tiene connotaciones
artísticas".
Fuente: www.elmundo.es