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 El sexismo en las películas de Disney Página 1 


EL SEXISMO EN LAS PELÍCULAS DE LA FACTORÍA DISNEY

ÍNDICE

1.     Introducción


2.    Hacerse hombre o mujer
2.1            Socialización de roles sexuales
2.2            Lo que influye la biología
2.3            Reconocerse a sí mismo como hombre o mujer

3.    El sexismo como algo habitual en todos los cuentos ¿Qué modelos para las niñas?
3.1            Los papeles femeninos y su cometido en los cuentos
3.2            El poder masculino
3.3            Otros valores extendidos en los cuentos tradicionales

4.    Propuesta de superación al dualismo masculino-femenino
4.1            Ejemplos del desafío a los roles habituales en determinados cuentos
4.2            Los cuentos feministas y cómo los ven los niños

5.    El mundo Disney
5.1            Su relación con los valores y el imperialismo estadounidense
5.2            Los grandes fallos sexistas de Disney (ahora y siempre)
5.3            Críticas al gran negocio Disney

6.    Alternativas actuales a Disney
6.1            Otras compañías, como Dreamworks se aprovechan de los fallos de Disney
6.2            ¿El negocio está en lo tradicional? ¿Se acabará alguna vez el sexismo en las películas de dibujos animados?

7.    Análisis de algunas películas Disney
7.1            Análisis de “La Bella y la Bestia”
7.2            Análisis de “David y El Gigante de Piedra”

8.    Conclusiones
8.1            Conclusiones del análisis de “La Bella y la Bestia”
8.2            Conclusiones del análisis de “El Gigante de Piedra”
8.3            Conclusiones finales

9.    Bibliografía

10. Autores

1. INTRODUCCIÓN 
 
       Desde luego, es innegable que la empresa que más está marcando a numerosas generaciones en su edad infantil es Disney. ¿Quién no recuerda a Mickey y a Minnie Mouse?, ¿quién no ha echado una lagrimita cuando Blancanievas era envenenada por la malvada bruja?, ¿quién no ha querido ponerse alguna vez en el lugar del apuesto John Smith o de la mismísima Pocahontas para revivir su historia de amor?, que tierna estas películas, ¿verdad?, por ejemplo esa Sirenita y la canción del cangrejo Sebastián, ¿quién no recuerda esa canción de “debajo del mar...”? Pero ahora que hablo de esto... ¿nadie se ha preguntado alguna vez por qué los enanitos no hacían ellos mismos las labores domésticas cuando llegaban a casa una vez que Blancanieves se “mudó” con ellos? O ¿por qué una indígena como Pocahontas, se enamora de un asesino de miles de paisanos suyos como era John Smith? O ¿por qué siempre las brujas son malas? O ¿por qué siempre la mujer está en un segundo plano en éstas películas? O ¿por qué todo el poder siempre se les da a los hombres? O...
 
Pues bien, a partir de ahora nos vamos a enfrentar a difíciles retos y preguntas que las intentaremos ir contestando a lo largo de este trabajo. Para ponernos en situación de lo que será el contenido general de la investigación que nos ocupa, como es poner de manifiesto (una vez más, si cabe) el sexismo que inunda nuestros cines y vídeos a cargo de las producciones infantiles de Disney, comenzaremos dando unas pinceladas de por qué las mujeres y los hombres actuales somos como somos y salvando las diferencias de lo personal, adoptamos uno roles distintos y bien diferenciados en la sociedad según nuestro sexo, como siempre exceptuando casos muy concretos. Veremos de donde nacen esas diferencias artificiales y lo que es peor, cómo surge nuestra normalización y socialización de las mismas.
 
         A continuación de este primer preámbulo, comenzaremos a ponernos más en situación con la puesta en escena de que el sexismo no es nada nuevo en los cuentos, y que hasta los relatos más tradicionales e “inocentes” esconden un mensaje claramente diferenciador y arcaico, acorde en muchas ocasiones con el momento histórico en el que fue escrito, pero que aún hoy en día siguen teniendo total vigencia y como hicieron desde un principio, siguen transmitiendo valores y  determinados roles más que discutibles, siempre siendo, dicha transmisión, de una forma totalmente “natural” y cercana.
 
         Después de abordar algunas propuestas para la superación de los puntos negativos de los cuentos de los que hablábamos anteriormente, vamos a entrar de lleno en el grandioso, enrevesado y oscuro mundo de la doble moral de Disney, del que veremos que más allá del entretenimiento que supuestamente nos quiere ofrecer esta factoría, se esconden, no sólo grandes intereses económicos, sino también, modelos de hombres y mujeres en concordancia con esos mismos modelos de hombres y mujeres que ha propugnado históricamente la nación que ha visto crecer y enriquecerse a esta factoría, para terminar la primera parte de la exposición, con algunas alternativas y soluciones más o menos reales y actuales, que vamos a poder encontrar en nuestra vida cotidiana.
 
         A continuación de todo esto comenzará lo que es nuestro trabajo en sí, llevaremos a cabo el análisis mediante fichas de control de dos películas relativamente actuales de la factoría Disney, para terminar sacando nuestras propias conclusiones y observando cómo las investigaciones que se han hecho hasta ahora sobre este mismo tema, no están del todo desencaminadas con la práctica real y tangible de las películas Disney.
 
         Con este trabajo de observación e investigación, quizás hagamos caer en la cuenta a más de una persona de la venda que ha tapado sus ojos en más de una ocasión, para otras, no será más que simples datos subjetivos intentando cambiar desafortunadamente una realidad intocable y para otros, seremos un grupo de personas equivocadas, manipuladas y que intentan tergiversar una simple película infantil con no se qué interés. Sin embargo, nuestra intención es hacer ver y comprender que los tiempos desde que se escribiera “Caperucita Roja” han cambiado mucho, y por supuesto también desde que el propio Walt Disney estrenara su primera película de dibujos animados, por tanto no se puede seguir vendiendo unas ideas caducadas, mientras en otros aspectos deseamos se lo progresar socialmente lo más posible, pero si los cuentos y con ello los modelos sociales que le proponemos a nuestros hijos no evolucionan, la sociedad seguirá tambaleándose a la hora de caminar hacia delante.
 
         Sin más dilación, comenzaremos a desmenuzar poco a poco toda las ideas expuestas. El “maravilloso” mundo de los cuentos se abre, de forma algo especial, ante nosotros, así que, como se suele decir: “Érase una vez...”
 
2. HACERSE HOMBRE O MUJER
 
         Aquí comienza el maravilloso mundo de los cuentos, comienza, junto con otras muchas fuentes, en la necesidad imperiosa que tienen los niños y niñas de ser y formar parte de una comunidad, en definitiva, de convertirse en seres sociales. Esta necesidad que nos viene en gran medida marcada genéticamente, hace buscar en los niños y niñas, al igual que pasa en otras especies animales, espejos y modelos por los cuales no sentirse diferentes en el medio social que le ha tocado vivir.
 
         Una de las primeras señas que hace diferenciarse al nuevo individuo como un miembro reconocible y aceptado en la sociedad, es la posibilidad de expresarse mediante el lenguaje. Este lenguaje que le permitirá al niño constituirse así mismo, debe ser, necesariamente transmitido por los adultos de esa sociedad, en esta enseñanza de la lengua materna, previene B. Davies la primera complicación: “al transmitir el lenguaje a los niños, también transmitimos un relativo estancamiento del orden social que engloba aquellos elementos de ese orden que bien pudiéramos querer desterrar”. Aquí recogemos que la preocupación de esta autora, es que, una vez que transmitimos el lenguaje, también transmitimos valores y arraigos culturales más que discutibles, entre ellos, sexistas y diferenciadores, ya que como bien apunta esta mismo autora:  “los niños aprenden que deben ser socialmente identificables como uno o lo otro, aun cuando, en la mayor parte de las situaciones sociales, la diferencia física observable sea mínima o incluso nula”. Con esta diferenciación, no podemos juzgar a los niños como unos pequeños machistas o en el caso de las niñas como unas conformistas, todo lo contrario, como expusimos anteriormente, desde edades tempranas, cada uno busca su lugar y tener la sensación de formar parte de algún grupo, en definitiva, espejos en los cuales mirarse sin parecer nadie ajeno a la sociedad, esto se consigue mediante la transmisión del lenguaje y de la observación y traspaso de determinados valores sociales que hacen que desde muy pequeños podamos sentirnos identificados por una simple dicotomía: el ser niño o niña (situación que, obviamente no podría produce de forma personal o unitaria, sino por la interacción de un “grupo de influencia”, llámese padres, medios de comunicación e incluso cuentos), algo que puede desembocar inexorablemente en hacer posteriores diferencias de género y por supuesto, en seguir sintiéndose parte de un grupo bien diferenciado, de esta forma, esos adultos que una vez fueron niños, ahora son los que: “definen a los niños como distintos, del mismo modo que las mujeres son distintas desde el punto de vista de los hombres. Los niños tienen que aprender a situarse tanto fuera del discurso de los adultos como dentro...” (Davies, p.18).
 
         En definitiva, podemos concluir que la formación de hombres y mujeres en un futuro está en las manos de todos, son muchas las influencias como para culpar a alguna como la única generadora de diferencias, y aunque gran parte de las diferencias de género se inculcan, por uno u otro medio, en los seis o siete primeros años de vida, no debe ser algo desesperanzador, ya que se corresponde a necesidades sociales que se desvían desafortunadamente, pero que podrían ser encauzadas en años posteriores, siempre teniendo en cuenta los “tres tipos de definiciones sociales que son importantes para entender el mantenimiento y el cambio del sistema de los sexos: ideología sexual, normas sexuales y estereotipos sexuales...” [1] así, de la misma forma se podría, poco a poco, encaminar a todos los niños y niñas hacia una realidad sexual diferente.
 
2.1 Socialización de roles sexuales

         Es natural, que todos los padres y madres de un tiempo a esta parte y siendo conscientes de las claras y marginales, en algunos casos, diferencias que tienen como el sexo su justificación y como estereotipos y roles su realidad, se planteen que ya va siendo hora de cambiar, y que ellos no cometerán los mismos fallos que pudieron cometer sus abuelos o sus padres a la hora de criar a sus hijos.
 
         Pues bien, todos y todas podemos de hablar de numerosos ejemplos en los cuales a las niñas se le intenta hacer autosuficientes y firmes y terminan siendo unas personas cuya única preocupación es qué vestido ponerse para que “pegue” con los zapatos. También está el caso contrario, de intentar que los hijos sean colaboradores en casa, que no oculten sus sentimientos, que no sean agresivos, pero sin embargo llegan a ser unos machistas “duros” y orgullosos.
 
         Entonces, ¿qué es lo que falla?, pues a esto viene a dar respuesta (con una serie de limitaciones) la conocida como “Teoría de la Socialización de los Roles Sexuales” y que puede resumirse en que: “un adulto es quien enseña al niño su rol sexual, aunque también “presionan” para que el niño persista en el rol asignado otros muchos adultos (maestros, medios de comunicación, etc.). En este modelo no hay lugar para el niño entendido como un agente activo, un teórico que observa y aprende por sí mismo o por sí misma el modo como se organiza el mundo” (Davies, p.23). De esta forma, se nos presenta esta teoría como algo alejado de los niños, sin que ellos puedan hacer nada para remediar la “inculcación” de ideales y comportamientos.
 
         Muchos son los “peros” que se han formulado sobre esta teoría, argumentados en los mismo motivos que exponíamos antes: la pasividad del niño y el entenderlo como un simple recipiente donde vamos añadiendo ingredientes para formar su personalidad. De esta forma autores y autoras como Walkerdine, Conell y la misma Davies, entre otros, señalan esa máxima famosa como la de “no hagas lo que yo hago, sino lo que te digo que hagas” (Davies, p.25), pronunciado por algún padre.
 
         Concluyendo, cabe destacar que la “Teoría de Socialización de Roles Sexuales” deja algunos interrogantes y cuestiones más que discutibles abiertas, ya que, es indudable el cierto carácter de “adiestramiento[2]” que se puede llevar a cabo, consciente o inconscientemente por parte de padres y entorno adulto, algo que marca en un gran porcentaje al niño o niña, mediante comportamientos de estos adultos o simples comentarios, y teniendo en cuenta que este niño es un “ser activo”, como tal no fundamentará todo su mundo en lo que le dicen sus adultos y en su genética, tal y como señala la “Teoría” (Davies, p.23), sino que también lo hará en base a dicha observación y en un porcentaje menor, en la elección; todo esto debemos tenerlo en cuenta para asumir y responder al por qué de la transmisión generacional de roles sexuales y sobre todo para no extrañarnos cuando le intentamos contar a nuestros hijos que tirar papeles al suelo está mal y lo siguen haciendo, ¿por qué será?
 
2.2 Lo que influye la biología

         Aunque ya con la “TSRS” salió a relucir la famosa palabra “genética”, la cual puede ser utilizada para argumentos fáciles y salidos de onda como justificación a casi todo, vamos a ver a continuación, lo que tiene que ver esta genética y la biología en general en la construcción como hombre y mujeres en nuestra sociedad.
 
         Según Davies: “aunque los biólogos han descubierto ahora que los sexos genético, hormonal y genital no están necesariamente conectados, existe aún mucha ciencia popular que no sólo los relaciona, sino que añade nuevas conexiones con la estructura cerebral y comportamiento habitual de los seres humanos” (Davies, p. 28). Esto quiere decir, una realidad que ya nos podíamos suponer: la biología sirve como burda justificación a la hora de probar roles y estereotipos sexuales, que en ningún caso pueden tener una justificación científica. Y es que la idea de situar al hombre y a la mujer en edad adulta como dos polos bien diferenciados, no deja de ser una construcción social, algo que podemos extraer de las palabras de Kessler y McKenna: “cada una de las características que podemos considerar “pertenecientes”a uno de los sexos se pueden encontrar en algunos miembros del sexo “opuesto”” (Davies, p.29). En efecto, son muchas las similitudes físicas y en cuanto a las diferencias, se pueden dar casos concretos en los que se echan abajo cualquier posicionamiento biológico, tanto es así que, simplemente podemos pensar en un hombre que se realiza una simple operación para cambiarse de sexo, pues bien, por esta simple operación (como la de una apendicitis, salvando diferencias) esta persona puede de dejar de tener que ser frío y guardar sus sentimientos, para pasar a tener que ser sentimental y más dependiente que antes, por un simple cambio físico artificial.
 
         En resumidas cuentas, debemos empezar a abrir nuestras mentes y darnos cuenta que el ser el hombre o mujer no es un enfrentamiento social de dos “especies” contrapuestas con actitudes y tendencias fuertemente marcadas por su sexo, es decir, biológicamente, pues son muchos los experimentos y experiencias que así lo pueden corroborar[3]. Si comenzamos a reflexionar y enriquecernos de lo que es “distinto” a nosotros, podremos empezar a superar construcciones de género poco afortunadas como las que hasta ahora rigen nuestra sociedad.
 
2.3 Reconocerse a sí mismo como hombre o mujer 

       Desde luego, éste no es un proceso ni mucho menos simple ni tampoco individual, es decir, la concepción de sentirse como hombre o mujer no viene dada por lazos de reflexión personal sobre “¿a qué modelo me ajusto?”, sino todo lo contrario, parece que esas decisiones está en manos de todos, menos de nosotros mismos, así lo expone Davies: “la masculinidad y la feminidad no son propiedades inherentes a los individuos, aunque sí son propiedades inherentes o estructurales de nuestra sociedad, esto es, surgen de la acción social y, al mismo tiempo, la condicionan”.
 
         A partir de dicho condicionamiento social, le exponemos a nuestros pequeños, modelos de comportamiento que deben ir asumiendo y a la vez poniéndolos en práctica, para que así se les reconozca como hombres o mujeres y ellos mismos también lo puedan hacer. Un ejemplo de estas expectativas es la típica imagen de la niña pequeña que recoge la mesa y el comentario de turno de “estás hecha una mujercita”, o bien, en el caso contrario, ese niño de 8 ó 9 años que acompaña al padre al campo de fútbol, mientras su hija se queda en casa con su madre, bajo la excusa de que “ya es un hombrecito”.
 
         No debemos de olvidar que este condicionamiento está basado en una sociedad hegemónicamente masculina y es muy difícil escapar de “los patrones de dominación (hombre) y subordinación (mujer)”, por lo que las expectativas sociales hacia los “nuevos” miembros de una sociedad estarán en base a esto.
 
         Cuando nacemos somos como un trozo de barro, a la cual le empiezan a dar forma nuestros padres y posteriormente le ayudan otras muchas influencias que estipulan nuestros comportamientos asociados a nuestro sexo y a partir de aquí, casi todo: forma de vestir, de comportarnos, funciones dentro del hogar, relación con los demás... y es algo que viene de una generación en otra, de tal forma que cuando aceptemos todos estos requerimientos físicos y psíquicos obtendremos nuestro lugar social y podremos ser llamados “hombres” o “mujeres”. Pero es triste que sigamos sintiéndonos orgullosos de considerarnos antípodas y de esta forma, seguir transmitiéndolo a nuestros hijos e hijas.
 
3. El sexismo como algo habitual en todos los cuentos ¿qué modelos para las niñas?

         Hasta ahora, hemos comprobado como a la hora de formar nuestra personalidad y conciencia como hombres o mujeres el papel de las influencias sociales juega una importantísima baza. Pues bien, los cuentos son en nuestros primeros años de vida más intensamente y en los siguientes algo menos, pero siguen estando presente, una fuente de roles sociales importantísima. De esta forma no es extraño que una niña de cuatro años se sienta identificada con “Cenicienta” y un niño con el “Príncipe”, con toda la carga de valores y actitudes que ello acarrea.
 
         En este punto, abordaremos si es el sexismo el que fluye de los cuentos, o sin embargo es la sociedad la que hace necesarios estos cuentos que simplemente reflejan la realidad todavía existente. Este es un tema que empezó a ser denunciado en los años setentas por diversas asociaciones feministas y que empezó a ser investigado con más intensidad durante los siguientes veinte años, pero que en la actualidad parece como si se hubiese empezado a olvidar de nuevo.
 
Para iniciar el tema, comenzaremos exponiendo una serie de datos publicados por la Association Européene du coté des filles (AECF) después de estudiar 736 álbumes y cuentos en los países de España, Italia y Francia publicados en 1994 por 93 editores:
 
CUADRO 1: El título y la cubierta de los álbumes y cuentos.
 
En los tres países los álbumes y cuentos presentan una dominante masculina tanto en el título como en la ilustración de la cubierta.
Francia bate el récord: 77,7% de los títulos que sugieren uno o más personajes
evocan por lo menos un personaje masculino, frente al 22,3% de un personaje femenino y el 62,2% de las ilustraciones de la cubierta presentan al menos un personaje masculino frente al 33,8% de un personaje femenino
 
CUADRO 4
Si se cuentan los adultos que no son ni padres ni abuelos, se encuentran en Italia cinco veces más hombres que mujeres. En España los hombres son dos veces más numerosos. En Francia de 544 adultos 390 son de sexo masculino y 154 de sexo femenino: en esta categoría de personajes se obtiene el porcentaje más alto de representación masculina (7 1,7% frente al 2 8,3% de representación femenina).
 
         Muchos más pueden ser los datos aportados, pero tampoco queremos poner datos ya conocidos por todos ni llenar folios y folios con tablas, por ello, sin más, comenzaremos a estudiar la realidad sexista de los cuentos, mediante los personajes femeninos (y presuntos modelos para las niñas) que en ellos aparecen, para ir comprobando si es exagerada una cierta alarma o por el contrario es totalmente necesaria.
 
3.1 Los papeles femeninos y su cometido en los cuentos

         Según Teresa Durán: “En el cuento maravilloso el mito de la feminidad se desarrolla en tres roles fundamentales: princesas versus madres, versus madrastras... El papel de la mujer simboliza a lo puro y bello que hay en nuestra adolescencia, la princesa, a ella se sigue la reina, cuya función es engendrar, una vez hecho esto, muere y aparece la malvada madrastra”.
 
         Esta clasificación realizada por Teresa Durán, aún siendo bastante simple no deja de ser menos acertada, ya que según podemos recordar, a excepción de roles fantásticos como son los de brujas o hadas, las mujeres en los cuentos tradicionales siempre han desarrollado estos roles, ya sean realmente o representándolos.
 
         En efecto, aunque los personajes femeninos aparecen bastante en menos cantidad que los masculinos, según la AECF: “En los tres países los álbumes y cuentos muestran invariablemente una imagen masculina del mundo. Tanto los protagonistas como los secundarios, los comparsas o los figurantes y cualquiera sea el tipo de personajes puestos en escena – humanos, animales humanizados, animales, objetos antropomórficos, personajes imaginarios o míticos – los personajes masculinos son siempre predominantes: más numerosos que los femeninos”, el papel de las mujeres en los cuentos no deja de ser humillante y desprestigiado.
 
         Según apunta estos mismos datos, una mujer de cada dos en los cuentos analizados, está en el ámbito doméstico y considerada como simplemente una “madre”, ocupadas simplemente en criar a sus hijos y limpiar, y si están en la calle es porque están comprando o acompañando a sus hijos. Toda relación les es negada y sólo en 14 de 255 casos se le concede algún rol social o político dentro del cuento.
 
         La experiencia laboral de las mujeres en los cuentos no deja de ser meramente anecdótica y humillante, ya que no poseen ningún tipo de prestigio los cargos que les “dejan” desempeñar y los que pueden hacerlo, algunas veces lo hacen incluso sin cobrar nada. Y es que, desafortunadamente los cargos con algo más de “prestigio” que se han encontrado desempeñados por mujeres (como el caso de ser reparadoras o alguna profesión intelectual) han sido ridiculizadas en dichos cuentos, por ejemplo, la de una piloto de aviones que se estrella por su torpeza etc.
 
         Y esto queda como sigue, la mayoría de mujeres que aparecen en los cuentos son y desempeñan el único papel de madres, ya está, sin profesión ni nada, todo lo contrario de los padres, que no suelen ser padres a secas, sino mecánicos, leñador etc. En las únicas ocasiones que logra escapar de ser una madre, es para convertirse en princesa (idealización de la belleza y del culto al cuerpo), reina (progenitora), algún tipo de personaje malvado (tales como brujas y madrastras) o bien otro personaje secundario (como hadas), porque la última cosa que apuntaremos es que, aparte de aparecer “poco y mal” la mujer nunca, o casi nunca aparece en el rol de protagonista activo, es decir, aunque en la Bella Durmiente, la protagonista en teoría es una mujer, esta se pasa durmiendo todo el cuento, etc.
 
3.2 El poder masculino 

       Pues sí, los cuentos tradicionales y populares no hacen más que mostrarnos y reflejarnos la sociedad patriarcal como la que vivimos. De tal forma, en los cuentos el hombre es el que ostenta todos los puestos de privilegio, laboralmente hablando, también destacar que los hombres en los cuentos, sólo toman el rol de padres en un 25% de los casos[5], pero cuando lo hace es especialmente valorado y respetado. Sigue siendo frecuente encontrarnos con el típico padre sentado, descansado de su jornada laboral, viendo la televisión, mientras su mujer le prepara la comida y le da muestras de cariño, pero esta figura parece que cada vez se está perdiendo más en los cuentos con humanos, es decir, parece que estos roles tradicionales se están dejando más en manos de cuentos con animales humanizados, ya que cuando se trata de una familia de humanos, el padre suele echar una mano a la madre (pero sólo una mano).
 
         En resumidas cuentas, los hombres aparecen en los cuentos “más y mejor”, suelen ser los protagonistas, héroes y valientes, el trabajo está en sus manos, está despreocupado prácticamente por las labores de la casa y de la crianza de sus hijos y lo que es más triste, todo el poder, la dignidad y el respeto está en manos de los personajes masculinos en igualdad de gremio, es decir, si en el cuento aparece un rey y una reina, ya sabemos quién es el que tomará las decisiones y quién será el protagonista del cuento. Sobre los personajes negativos y malvados, no parece que haya ninguna desproporción entre héroes, malhechores y el número de hombres que aparecen en el cuento, hasta sería lo contrario que las mujeres, se puede considerar que para el número de hombres que aparecen, pocos ocupan este rol.
 
3.3 Otros valores extendidos en los cuentos habituales

         A parte del sexismo en los cuentos infantiles, como ya hemos visto, estos también son “acusados” de ser “portadores” de otros valores igualmente discutibles, a continuación expondremos algunos de los más destacados.
 
·        La familia: suele ser uno de los ámbitos más elegidos a la hora de plantear distintos cuentos. Se le da una importancia vital en la mayoría de los casos, se presenta la necesidad de ser sumiso ante injusticias personales provocadas por algún familiar. La familia se sustenta por las madres, aunque en el cuento a penas se le de importancia a este dato.
 
·        La monarquía y regímenes políticos: Aparece como habitual que cuando existe, el régimen político elegido para gobernar las vidas de los protagonistas, sea la monarquía, con lo negativo que puede llegar a ser para la concepción política del niño: ver normal como alguien hace y deshace a su antojo. Los príncipes y princesas son queridos e imitados, normalmente, por parte de los niños.
 
 
·        Las clases sociales: En muchos cuentos, aparecen bien diferenciadas las clases sociales (baja y trabajadora vs. alta y lujosa), aunque es cierto, que otros muchos cuentos, aparece una simple clase media, en éstos que hacíamos referencia anteriormente, pocas veces hay una escala social, es más, se da por supuesto que el pobre nació así y debe morir así e igualmente el rico.
 
·        La violencia: Por último, destacaremos la violencia como método único e insalvable para conseguir determinados objetivos. Para conseguir el amor (de mano de una pasiva mujer), para minar alguna injusticia... para todo se destaca la violencia como método para conseguir unos objetivos, ejemplos poco afortunados para que estén una y otra vez viéndolos nuestros pequeños.
 
4. Propuestas de superación al dualismo masculino-femenino
 
         Según Davies: “Deshacer el dualismo implica, en primer lugar, una confrontación personal con la consiguiente idea de la masculinidad y feminidad.” (Davies, p. 193). En efecto, para conseguir quitarnos esa idea de la cabeza de la bipolaridad entre hombres y mujeres, debemos deshacer nuestras estructuras mentales actuales sobre los papeles que juega uno y otro en la vida, para volver a construirlos sobre otras bases distintas y más sólidas.
 
         Desde muy pequeños, y con el afán de imitar a sus adultos, las niñas y sobre todo los niños caen en el dualismo, encasillándose en papeles sólo de “hombres” y desde muy tempranas edades se negarán a vestir o hacer tareas que son “de mujeres”, y esto viene, en una determinada medida, gracias a los cuentos.
 
         A continuación expondremos algunos ejemplos de los roles habituales en cuentos, así como algunos ejemplos igualmente, de cuentos feministas.

 

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Enviado el Miércoles, 04 junio a las 10:29:05 por webmaster



 
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